Es necesario estudiar lo puramente periodístico y literario de Patria y ver cómo el Maestro convierte un suceso noticioso en información útil y amena, expresó el Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez
Por. Luis Hernández Serrano
La idea de
que el periódico Patria debe ser mucho más estudiado como obra del organizador
de la Revolución de 1895, fue uno de los criterios asumidos por los
participantes en el segundo día de sesiones del Simposio sobre el Partido
Revolucionario Cubano y el diario concebido y dirigido por José Martí,
efectuado en el Centro de Estudios Martianos (CEM), de la capital.
El Doctor en
Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez, jefe de la Edición Crítica de las
Obras Completas del Apóstol en dicho centro, sostuvo que «Martí no solo dirigía
el periódico Patria, sino que lo amaba, lo vivía, lo disfrutaba, lo gozaba».
Argumentó
que es necesario estudiar lo puramente periodístico y literario de Patria y ver
cómo el Maestro convierte un suceso noticioso en información útil y amena.
«Es preciso
estudiar cómo lo hace y cómo enjuicia cada hecho. Sería bueno tirarlo en papel
y verlo día por día, número por número, asunto por asunto», sentenció y añadió:
«Que nuestro pueblo reconozca —y sobre todo las nuevas generaciones— que no fue
una empresa mercantil, que con él Martí no buscó ganancias, sino formar, educar
y mover a los lectores».
Aclaró que
El Mensajero Semanal, de José Antonio Saco, no era rentable, como no lo fue El
Habanero, de Félix Varela, y ni siquiera El Siglo, diario de la gran burguesía
cubana de aquella época.
La Doctora
Carmen Suárez León, investigadora del CEM, dijo que hay que estudiar a Martí no
como una estrella sola, sino como una constelación. Que es necesario leerlo más,
aunque no sea lectura fácil, y recordó que Lezama Lima decía que «solo lo
difícil era estimulante».
El doctor
Salvador Arias García, de la misma institución, advirtió que «hasta lo escrito
por Martí sobre música y arte en ese periódico era un arma revolucionaria, como
el caso de La Bayamesa, de Perucho Figueredo, considerado su himno,
“para que lo entonen todos los labios”, como aseveró el Apóstol».
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